La investigación
científica, una de las grandes actividades lúdicas del hombre, conlleva un
valor esencial, la satisfacción de la curiosidad humana. Precisamente, el ser
humano intenta comprender los fenómenos naturales y comprenderse a sí mismo,
por pura curiosidad intelectual y porque tal comprensión le brinda los medios
para manipular y utilizar el ambiente en propio beneficio, mejorando su
posición estratégica en el mundo. Al respecto, el científico francés Vladimir
Kourganoff asevera que los científicos tienen algo de Cristóbal Colón pues
parten de una esperanza, nunca de una certeza, y sus viajes trabajosos pueden
terminar en naufragio. Sin embargo, algunas de esas aventuras se saldan con el descubrimiento
de una América. Más aún, tienen la imperiosa urgencia de ir en pos del secreto
que se oculta tras lo manifiesto porque saben que, aunque sólo rocen una mínima
porción de la verdad, ésa es una manera de convertirse en y sentirse seres
humanos íntegros
En suma, parafraseando a Gros y
Romañá ser investigador y docente tiene
sus atractivos, sus dificultades y sus riesgos y el doble papel que implica, de
autor y de actor al mismo tiempo, torna complejo y arriesgado a este oficio.
Por ello, el desafío de intentar colaborar en la formación y recuperación de
valores trascendentes, bien merece el intento.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.